Editorial leída el 30 de enero de 2009 en radio cooperativa
Existen puestos políticos y puestos institucionales autárquicos del poder político.
La autarquía está basada en la necesidad de independizar la gestión de algunos organismos del Estado del gobierno de turno.
Universidades, entes de control al gobierno, museos, medios de difusión estatales, debieran ser dirigidos por gente elegida mediante un concurso de antecedentes y no cambiarse con cada nueva administración.
Pero en nuestro país son los amigos o los receptores de la devolución de favores políticos los encargados de dirigir estos organismos y lamentablemente en la mayoría de los casos no sólo no tienen los méritos para estar allí sino que naturalmente desconocen el sentido de la autonomía o la autarquía.
La BBC, en el Reino Unido, a modo de ejemplo, tiene mecanismos propios para regirse y uno puede escuchar fuertes críticas al gobierno de turno desde sus columnas. Hace poco hubo un intento durante la invasión a Irak de presionar a la BBC por sus fuertes críticas a la política gubernamental, y la comunidad británica defendió esa libertad fuertemente.
Aquí es impensable que desde el canal oficial o desde Radio Nacional alguno se atreva a criticar al gobierno y salvo algunas excepciones, la programación y los periodistas deben difundir sólo aquellas cosas que estén en sintonía con la política oficial.
Recientemente, en Radio Nacional, hubieron cambios que sorprenden ya que la designación del subdirector no responde a ninguna de las opciones mencionadas, ni ganó por concurso ni comulga (quiero creer) con la ideología del gobierno. En realidad Enrique Vázquez el nuevo subdirector a cargo de la programación de Radio Nacional, pudo haber sido designado por un gobierno militar pero no por un gobierno que intenta juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura.
Mientras la presidente de la nación aparece en una foto con Fidel Castro y con Hugo Chávez, Enrique Vázquez decide autoritariamente la programación de la radio más importante de la argentina. Nuestra radio, la que llega hasta el último rincón de nuestro país.
Vázquez, el mismo que el 25 de abril de 1980: después de haber sido echado de Cuba, a su regreso, desde editorial Atlántida narrando el hecho decía: “Pero estoy seguro de que si de algo me sirvió la experiencia, es para reconocer cuándo, cómo y dónde puedo ser libre. Y disfrutar la libertad”.
En plena dictadura mientras miles se ahogaban en las torturas, eran arrojados al mar o fusilados, mientras toda la sociedad estaba amenazada o maniatada, Enrique Vázquez respiraba libertad, ¿cómo hacía?
Seguramente gozaba de la misma libertad que gozaban su amigo Nicolás Kasansew o Gómez Fuentes.
Tal vez, yendo un poco más atrás, podamos encontrar la explicación. Ya en 1978,
Vázquez, como secretario de redacción de la revista Somos -que por aquel entonces era el órgano oficial del Ejército Argentino- mostraba en la tapa, bajo el título “Un país que cambió”, al dictador Videla gritando eufórico los triunfos del mundial de fútbol.
Quiero aclarar que pienso que una cosa es trabajar en un medio con el que no necesariamente uno comulga ideológicamente y otra muy distinta es ser parte de los que marcan la línea del mismo, eso no se hace por obligación sino por convicción. Obviamente Enrique no estaba escribiendo notas para ganarse un sueldo, como Secretario de Redacción formaba parte del diseño político de la revista emblemática de la dictadura.
También fue colaborador, en todos los sentidos de la palabra, de la revista del asesino Massera, Cambio, que como todos sabíamos se editaba utilizando a algunos de los detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada a quienes se les pagaba con un sencillo canje: o colaboraban o los mataban.
Vázquez, en cambio, cobraba por cada nota en efectivo ya que como él mismo decía por aquel entonces respiraba aires de libertad.
En septiembre de1982 desde la revista Humor defendió al general Flouret, quien fue uno de los que encabezaron la represión en la provincia de Tucumán y lo llamó uno de los pocos militares democráticos con que contaba el Ejército Argentino. Realmente no sé cómo hacía Vázquez para distinguir entre unos y otros.
Tiempo después, desde la revista Humor pareció revindicarse al publicar notas acusando a distintos militares y represores, pero si uno observa con atención notará que la información del periodista era mucho más detallada y precisa de lo que cualquier organismo de derechos humanos poseía en aquel entonces, era obviamente información interna. Algunos militares fueron acusados y otros, entre quienes seguramente estaban los que suministraban la información, salieron silbando bajito por la puerta de atrás.
Una vez devenido en radical alfonsinista, apenas comenzada la democracia desde la editorial Perfil, atacó a quienes hacíamos la revista El Porteño de ultra izquierdistas, marginales y desquiciados. Por aquel entonces, la incertidumbre, (antes de los sucesos de semana santa) era enorme y se temía otro golpe militar, sin embargo Vázquez, con un lenguaje propio del discurso de la dictadura nos mandó en cana.
¿Qué hubiese pasado con nosotros -ultra izquierdistas según Vázquez- con otro golpe? Vázquez simplemente, porque disentíamos con la política cultural radical, nos botoneó.
Decíamos en ese momento desde El Porteño en el editorial: “No es posible radiar de la política argentina a los militares, usando su mismo discurso. Es más, es difícil no estar a su servicio empleando su mismo lenguaje”.*
Lo primero que hizo el nuevo subdirector en funciones de nuestra Radio Nacional fue levantar toda la programación y en marzo dará a conocer la nueva, él solito.
Y para afianzar su sentido de la ética y la imparcialidad de sus decisiones se puso a sí mismo en el mejor horario de la mañana en esa radio a conducir un programa.
Su manera de actuar no parece haber cambiado mucho.
No conozco las razones por las que el gobierno cubano le negó la entrada a Enrique Vázquez, supongo que jamás lo sabremos, pero están disponibles los comentarios que el periodista realizó después del suceso y que marcan un fuerte tono ideológico en comunidad con el pensamiento militar de la época.
De todos modos, quien puso a Vázquez a dirigir hoy Radio Nacional debiera preguntarse ¿quienes eran los únicos que podían disfrutar de la libertad durante la dictadura?
Gabriel Levinas
El general Flouret y una aclaración por las dudas
Por las dudas que creó entre algunos amigos mi nota del último número. Cuando me referí al general Flouret y su destino profesional en Tucumán, durante los primeros tramos de la guerra antisubversiva contra la "compañía de monte" del ERP, tendría que haber explicitado, según mis amigos, cuál fue su papel. Bien.
A diferencia de otros altos oficiales destinados a esa área, y que prefirieron dedicarse a las tareas de "inteligencia" y rastrillaje en las ciudades, el entonces coronel Flouret asumió la función más limpia, frontal y arriesgada: la pelea hombre a hombre en la montaña.
Un amigo personal de Flouret, también militar, me llamó para protestar por la alusión a los trastornos psíquicos que sufrió el hombre después de dos años de guerra irregular. Me parece que tal información no menoscaba ni perjudica la idoneidad profesional de Flouret; por el contrario, destaca un rasgo humano y una sensibilidad que ojala estuviera más extendida dentro de las Fuerzas Armadas.
Por último: pretendí decir, y lo consigno ahora a riesgo de ser redundante, que el general Flouret es uno de los pocos generales democráticos con que contaba el Ejército Argentino, y que justamente su Ideología democrática y nacionalista lo tornaba personaje no grato para los encargados de ejecutar hasta las últimas consecuencias el proyecto liberal de vaciamiento moral y económico del país. ¿Aclarado? De nada.-
Enrique Vázquez
Humor, septiembre 1982
Carta del director (febrero 1984)
 
La gente observa con horror la catarsis del periodismo: imágenes continuas de cadáveres y tumbas. Asesinatos revelados hoy por los mismos medios de difusión
que nos vendieron ayer que éramos derechos y humanos.
Gran parte de la sociedad, al no ver reflejada su visión cotidiana de la realidad en esos medios, optó por aceptar la mentira, más bancable, menos dolorosa.
Si bien es cierto que una sociedad no deja de ser autoritaria de un día para el otro, el Gobierno democrático debe luchar por la vigencia plena de las libertades individuales y colectivas y garantizarlas con la participación de todos los argentinos.
Sin embargo, discutir las políticas adoptadas por el gobierno radical nos hace acreedores, de parte de algunos de sus más tardíos seguidores, de calificativos parecidos a los que recibimos del gobierno militar.
Si bien podemos aceptar que la política es el arte de lo posible, no aceptaremos que lo posible implique la trasgresión de valores éticos como la vida, la libertad y la justicia, que sólo el fascismo puede subordinar a intereses de cualquier tipo.
Pero, parece ser que se opta por negociar nuestro futuro sin haber resuelto aún nuestro pasado.
El Porteño, como revista independiente, no puede competir con la información que otros medios ofrecen a sus lectores. Porque no tiene ningún grupo de poder que se la suministre. A cambio, muestra (o intenta) un ejercicio de libertad. Es posible, entonces, que desde nuestras columnas o desde nuestro análisis, podamos equivocamos; la duda es nuestra única ayuda. De lo que estamos seguros es de haber luchado contra la dictadura militar y por la democracia. Y lo seguimos haciendo porque ofrece dudas y aún no ha sido demostrado que la democracia haya triunfado, sobre todo si vamos a tener que transitarla informados por los mismos medios y periodistas que tantas veces ayudaron a derribarla.
Estar con el radicalismo o con el gobierno, no otorga la credencial de demócrata. Sobre todo si desde allí se ataca a la oposición, por ejercitar la disidencia. Sin disidencia no existe la democracia. Quien discute actitudes del gobierno no sólo hace uso de un derecho reconocido por la Constitución, sino que fortalece sus principios. Principios que traicionan quienes permiten a militares como Aguado Benítez o Menéndez, reivindicar el golpe de Estado. Y que en lugar de dirigir sus esfuerzos a erradicar esa conjura, atacan a medios o personas que luchan para afianzar el orden constitucional.
Que algún militar nos ponga una bomba en la redacción forma parte de lo esperado, y sucedió. No pensamos, quienes hacemos El Porteño, que finalizó nuestra lucha y mucho menos los riesgos. Los ataques de hoy son más sutiles y vienen con disfraz de civil. Enrique Vázquez, desde una revista dedicada a la pornografía macabra, que utilizando muñecos inflables publicitó en los diarios cómo se arrojaban los cuerpos con vida al mar, desde un pequeño avión particular (misteriosamente la redacción se olvidó de que eran Hércules C-l30 y no hay empresa privada que los posea), desde la misma editorial Perfil que lavó la cara de Camps y de Videla; Vázquez se refiere a El Porteño acusándonos de ultraizquierdistas, pseudo-undergrounds, autodestructivos, desquiciados. No obstante, el ex secretario de redacción de la revista Somos y periodista destacado en el Comando en Jefe del Ejército (en una época donde no entraban allí, precisamente, los amantes de la democracia) deja escapar. un elogio: "voceros de la cultura marginal" . En la pluma de Enrique Vázquez la frase quizá tenga un tono despectivo. Para nosotros, que elegimos la información sin trampas y la cultura sin manipulaciones, es un orgullo ser voceros del margen cuando el centro está ocupado, usurpado por la amenaza de la delación y la mentira periodística.
No es posible radiar de la política argentina a los militares, usando su mismo discurso.
Es más, es difícil no estar a su servicio empleando su mismo lenguaje. Acusamos públicamente de ultraízquierdistas, tras haber dicho que la guerrilla es la ultraizquierda en un mismo artículo, es lo que se llama -en la cultura marginal- mandamos en cana. Y nos recuerda mucho épocas que parecen no terminar nunca. Es el mismo discurso que se utilizó para justificar el genocidio sistemático de la oposición. Vázquez no utiliza la discusión como arma, sino que muestra la misma intolerancia y soberbia que fue la base ideológica sobre la que se estructuró el exterminio de la oposición.
Vázquez tenía nuestro número de teléfono para avisamos que -según él- nos estábamos equivocando. Y no lo usó, prefirió mandamos en cana.
Gabriel levinas
Enrique Vázquez y la cultura vigilante

CHILE
Dos pasos adelante ...
Una nueva actitud se nota en las relaciones entre el gobierno chileno y sus críticos.
El presidente Pinochet, en reportaje exclusivo, habló con SOMOS sobre este y otros temas.
A partir de la liberación de los prisioneros polítIcos del campo de Tres Álamos -un centro de reclusión abierto poco después del derrocamiento de la Unidad PopuIar-, y más aún tras el intercambio del dirigente comunista Luis Corvalán por el disidente soviético Vladimir Bukovsky _ la imagen internacional de la Junta Militar chilena comenzó a variar: el Banco Mundial decidió otorgarle sin mayores preámbulos un oxigenante crédito por 60 millones de dólares, y Chile dejó de figurar en el informe mensual que elabora el Departamento de Estado norteamericq¡¡o sobre aquellos países que violan los derechos del hombre. Simultáneamente Ia Iglesia Católica -que desde el 11 de setiembre de 1973 oficia de "oposición política" ante el gobierno- cambió de lugar algunas de sus piezas más notorias, despejando las áreas de fricción con la Junta: el explosivo monseñor Carlos Camus, hasta ahora secretario general de la Conferencia Episcopal y portavoz de la línea dura de la Iglesia, pasará a desempeñarse como arzobispo de Linares, una pequeña ciudad del Sur del país, y su puesto en el organismo cumbre será ocupado por monseñor Bernardino "Piñera, de la linea moderada. A su vez. Rolf Jenny, delegado de la Cruz Roja Internacional -el organismo que tuvo a su cargo la protección de los presos políticos y sus familiares, y que a menudo tuvo serias discusiones con el gobierno del general Augusto Pinochet, considera que sus relaciones con la Junta son distintas a las de hace tres años, y que en este momento por causas particulares
El cambio y sus motivos
No todo es bonanza, por supuesto. En una conversación con SOMOS, monseñor Jorge Hourton, obispo auxiliar de Santiago denunció que aún hay 415 personas "desaparecidas" en Chile . A ninguna de ellas se les ha explicado los motivos de su detención, y tampoco se los han explicado a sus familiares. Si los desaparecidos han delinquido. ¿Por qué no se los ha procesado según los códigos de justicia, ya sean civiles o militares'?"
Es una pregunta que todavía está sin respuesta.
Elípticamente el delegado suizo de la Cruz Roja también reconoce que "en algún lugar" quedan presos políticos 'Yo prefiero no usar adjetivos en este caso -dice Rolf Jenny- porque eso rile comprometería con el gobierno o con la oposición. Prefiero decir que la Cruz Roja asiste a todos los presos por motivos particulares; a ellos cuando se puede y se sabe dónde están y a sus familias. Cuando no quede ningún preso por motivos particulares en Chile dejaremos de trabajar aquí. Por ahora seguimos trabajando".
Pese a las opiniones de monseñor Hourton y del delegado de la Cruz Roja el último informe del Departamento de Estado norteamericano acerca de la vigencia de los derechos humanos en el mundo no menciona a Chile entre los países que vioIan las normas internacionales consagradas por la ONU. Si se tiene en cuenta que el país transandino era desde setiembre de 1973 el protagonista más asiduo de estos informes -junto con Haití-,se verá que el progreso es considerable y habla a las claras de la "nueva imagen" alcanzada por la Junta chilena en el exterior. Adaptándose a los "nuevos tiempos", el gobierno chileno ha decidido reemplazar a su embajador ante los Estados Unidos, Mario Trueco, por el economista Jorge Cauas, que hasta fines de diciembre pasado ocupaba la cartera de Hacienda.
Trueco inició en Washington las conversaciones secretas con representantes soviéticos tendientes a la liberación simultánea de Luis Corvalán y Vladimir Bukovsky. Fue, además el defensor de la actitud de su gobierno ante el Congreso 'norteamericano, que hace algún tiempo decidió suspender la ayuda militar a Chile.
Precisamente en la presión del gobierno norteamericano, la banca internacional y la Iglesia puede hallarse el origen de este leve pero significativo "cambio de rumbo" de la Junta Militar chilena. De todos modos la liberación de presos políticos es simultánea con actitudes similares por parte de otros 'gobiernos castrenses del área, y podría obedecer al interés de crear "lazos de entendimiento" con el' próximo gobierno' demócrata de los Estados Unidos. En el caso específico de Chile, empero, el propósito final de esta renovación puede ser la necesidad de buscar nuevos cauces y nuevas alternativas políticas para un país que acaba de pasar un período de zozobra económica y social y ahora debe encarar un futuro concreto que desemboque en esa nueva "institucionalidad" plasmada en la "democracia autoritaria" algo todavía impreciso, pero que según el general Pinochet, "algún día llegará".
Enrique Vázquez
Enrique Vázquez
Pinochet: “Equilibrio entre autoridad y libertad”
Aunque anunció que hasta marzo no concederá entrevistas periodísticas, el presidente de Chile, general Augusto Pinochet Ugarte, recibió al enviado especial de SOMOS. Este fue el diálogo:
SOMOS: Según recientes declaraciones suyas, Chile ha obtenido un "considerable éxito diplomático" con el intercambio de los prisioneros Luis Corvalán y Vladimir Bukovsky; ¿cree que la imagen exterior de Chile ha variado después de ese episodio?
PINOCHET: Efectivamente, Chile ha obtenido un triunfo diplomático incuestionable con la liberación simultánea de Corvalán y Bukovsky. Es la primera vez que la Unión Soviética se ve obligada a inclinarse ante una proposición como la formulada por Chile. Hemos demostrado, además, quién respeta los derechos del hombre y quién se vale de ellos como consigna. El estado físico del señor Bukovsky es una evidencia del régimen inhumano que deben soportar miles de personas en las cárceles y étnicas siquiátricas soviéticas. El contraste con Luis Corvalán no puede ser más revelador. El dirigente comunista chileno goza de buena salud, estuvo perfectamente informado de todo lo ocurrido en el mundo, sus familiares tuvieron pleno acceso a él y gozó de amplias comodidades durante su detención, Las imputaciones calumniosas contra Chile respecto al trato de los detenidos por el estado de sitio se derrumban viendo a Corvalán y a todos los que antes salieron en libertad. En cambio, cobra aspectos tenebrosos el mundo soviético al que Occidente parecía querer olvidar o ignorar escondiendo la cabeza como el avestruz. Creo que la opinión pública occidental sacará adecuadas conclusiones de estos hechos.
SOMOS: ¿Qué negociaciones ha emprendido su gobierno para continuar con este sistema de canje de prisioneros con los países comunistas?
PINOCHET: No lo hemos de continuar, porque ya no quedan presos políticos en Chile, salvo el dirigente comunista Jorge Montes, cuya libertad pende de la decisión de Castro de entregar a Huber Matos. Es el único caso. Hemos planteado nuestra posición y aguardamos la respuesta de Cuba. Con la seguridad de que liberaremos a Montes, la señora Matos y su hijo Huber están moviéndose en Costa Rica y Venezuela para interesar a tos gobiernos dé esos países a interceder por el prisionero cubano. Pero no hay gestiones directas de Chile: el ofrecimiento es claro y a la vista del mundo; el señor Castro tiene la palabra.
SOMOS: ¿En qué consiste la "democracia autoritaria" que usted mencionó en un reciente reportaje a la prensa extranjera?
PINOCHET: Nuestro propósito es que exista un régimen de autoridad en libertad. El Estado tiene un ámbito que le es propio, y para ello debe estar dotado de suficiente autoridad. Al individuo le está reservada la libertad, para que con su ejercicio logre su propio bienestar y ayude al bien común. El exceso de estatismo no conviene a la dignidad humana, porque ahoqa las libertades y entorpece la dinámica de la sociedad. Y el exceso de .libertad conduce al libertinaje e implica un vacío de poder, que deja a la sociedad inerme ante los embates del comunismo mundial prosoviético.
SOMOS: ¿Cuál sería entonces la síntesis?
PINOCHET: A lo que nosotros aspiramos es, precisamente, al equilibrio entre las autoridades y la libertad. El estatismo, al coartar la libertad, degenera en totalitarismo. El libertinaje por ausencia de autoridad, deriva en anarquía. Ambas representan estados de enfermedad en las sociedades y conllevan sufrimiento y destrucción del espíritu del hombre.
SOMOS: Una agencia informativa internacional, al reproducir sus palabras, mencionó una "democracia totalitaria" y no "autoritaria", como futuro régimen político chileno; ¿usted cree que esa modificación obedece a una "campaña publicitaria antichilena"?
PINOCHET: Por supuesto que sí. Los marxistas son verdaderos genios de la deformación. La revolución marxista, en el fondo, es un forcejeo del lenguaje, consiste en virar las palabras, quitarles su verdadero sentido y alcance, de manera que puedan confundir a las personas de buena fe y sano entendimiento.
SOMOS: Pasados tres años desde el derrocamiento de la Unidad Popular, ¿cuál es la situación económico-social del país?
PINOCHET: Hemos conseguido darle a la economía bases sólidas, bases reales. Lo que produce y consume el país es el resultado del esfuerzo verdadero que Chile está haciendo. No vivimos de los espejismos del pasado, de emisiones inorgánicas, regalos o préstamos amarrados: Los chilenos sabemos ahora que para disfrutar de un futuro mejor es necesario luchar por él, producir más y trabajar para salir adelanté. La superación de los chilenos no vendrá de fórmulas demagógicas sino del esfuerzo individual y colectivo, amparado, naturalmente, por normas legales que lo estimulen y por un Estado atento a los avances que se produzcan en la economía.
SOMOS: ¿Cuáles son los datos concretos de esta mejoría?
PINOCHET: En cuanto a cifras, hemos disminuido la hiperinflación superior a11.000 por ciento que hubo en 1973, a menos del 171 por ciento en 1976, con perspectivas de una sostenida y más rápida reducción en el futuro. Tenemos superávit en la balanza comercial y las reservas de divisas han recuperado niveles adecuados. Hemos diversificado y acrecentado mucho las exportaciones no tradicionales. Estamos cumpliendo estrictamente nuestras obligaciones con acreedores internacionales, lo que nos ha devuelto el crédito y ha' aumentado la confianza para invertir en Chile. El producto nacional, después de sufrir grave merma a causa del desastre que heredamos del régimen marxista, está nuevamente elevándose. En resumen: económicamente Chile está surgiendo y ya ha pasado lo peor ...
SOMOS: ¿Cuál fue el costo social de todo esto?
PINOCHET: Después de haber atravesado por un doloroso índice de cesantía, también hubo un repunte importante respecto a la condición de los trabajadores y al nivel general del empleo. Las remuneraciones han tenido un incremento en términos reales del 15 por ciento respecto al año anterior, lo que significa que la población tuvo más dinero para adquirir más bienes.
SOMOS: ¿Cuál es la situación actual de los presos políticos en Chile, que, según algunas fuentes, son 442 ó 450? ,
PINOCHET: No hay más presos políticos en Chile, a excepción, como le dije, del comunista Jorge Montes, en los términos que le señalé.
SOMOS: A partir de la formulación de ese esquema político que usted define como "democracia autoritaria", ¿se prevén contactos con sectores políticos para desembocar en un proceso electoral?
PINOCHET: No tenemos en mente contactos con sectores políticos que tuvieron vigencia en un régimen institucional definitivamente superado. Estamos configurando una nueva democracia, más moderna y eficiente, y que esté capacitada para defenderse de la agresión marxista soviética. También es básico el cambio de mentalidad hacia una concepción más amplia de las posibilidades individuales, y el término de las esperanzas de que el Estado ha de resolverle a uno los problemas. Por eso estamos caminando hacia esta nueva institucionalidad, en la que la libertad se canalice a través de una participación de los chilenos, cada vez' más creciente, en el conocimiento y la solución de los problemas nacionales, cuyas fórmulas concretas irán determinándose en la medida que se consolide el cambio de mentalidad de la población
SOMOS: Vale decir que cualquier participación en las actividades colectivas, a nivel político, va a estar condicionada a esa "renovación mental" ...
PINOCHET: Las fórmulas políticas que vivió Chile en el pasado se encuentran superadas por su propio fracaso, de manera que cualquier colaboración que se preste para levantar al país debe ser conforme al nuevo espíritu.
SOMOS: ¿Y los partidos políticos, tal como son conocidos actualmente en las democracias occidentales: qué papel desempeñarían?
PINOCHET: Cuando los partidos políticos se transforman en maquinarias para alcanzar el poder a cualquier precio constituyen una fácil presa para la infiltración marxista. Es por eso que nuestro objetivo es que pasen a ser corrientes de opinión pública, que sólo influyan por la calidad moral de sus integrantes y por la seriedad de sus planteamientos.
Entrevista realizada por Enriqie Vazquez
Vale la pena recordar un hecho que hoy tiene nueva relevancia ya que involucra a un importante personaje político.
Cuando ya se estaba por impimir en la editorial Varela Cid el libro La prensa canalla, de Claudio Díaz ,Vàzquez se entera que es mencionado de manera mortal en el libro y consigue que el abogado de Varela Cid, pida al editor que retirara del libro todos los párrafos que lo vinculaban con la revista procesista somos, dicho abogado , era (es todavía) amigo personal de Vázquez me refiero al ex jefe de gabinete Alberto Fernández. A continuación, a modo de ejemplo podemos ver uno de los mas significativos párrafos amputados:
“Si con Pinochet había demostrado una sumisión de lacayo, un año después, en 1979, sí era insidioso para cuestionar a un integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que investigaba en Argentina los secuestros y las desapariciones de miles de personas.
En aquellas jornadas que coincidían con el éxito alcanzado por el seleccionado juvenil de fútbol en el Campeonato Mundial de Japón; y al mismo tiempo que reparticiones públicas, comercios, medios de transporte y automóviles particulares lucían aquellas calcomanías con la bandera argentina y el impúdico lema los argentinos somos derechos y humanos; Vázquez apuntaba con toda su artillería a William Rogers, representante de la CIDH, a quien le disparaba preguntas de grueso calibre por tener la osadía de querer averiguar qué pasaba realmente en nuestro país:
* ¿Qué vienen a investigar a la Argentina?* ¿Usted está al tanto de la campaña antiargentina en el exterior? * ¿La Comisión que representa dirá que aquí se vive normalmente?
Estas tres preguntas formaron parte de la entrevista que se publicó el 21 de setiembre de 1979” (revista somos numero 157)
Fogwill sobre Vázquez 1984
"Mientras Iglesias Rouco, Ambito Financiero y la Unión Industrial critican por un lado, los voceros de la cultura marginal y proclive al ultraizquierdismo, cuestionan el proyecto del gobierno por su mediopelismo y le achacan la falta de un verdadero proyecto cultural, Rodolfo Fogwill, desde la revista seudo-underground El Porteño, critica la ausencia de "filásofos y poetas" en el radicalismo, como si la presencia de Luis Gregorich y Santiago Kovadloff -este último quizás el único filósofo popular con escuela propia y experiencia de catacumbas en la Argentina- no. fuera suficientemente representativa." E. Vázquez, en revista Libre.
Con un gesto idéntico al que poco después formularía el presidente Alfonsín, su simpatizante, el secretario de redacción de la revista Libre, describe a los opositores. Enrique Vázquez -de él se trata-, con la misma facilidad que le permite agrupar todas las críticas a la política económica dentro del signo representado por Iglesias Rauco y Ambito Financiero, clasifica a los opositores de la política cultural dentro de algo que denomina "la cultura marginal" y los grupos "proclives al ultraizquierdismo". Y según su lectura de mis respuestas a la encuesta de El Porteño (N" 25), infortunadamente yo pertenecería al ámbito de tal proclividad. Se sabe: en la Argentina es más fácil y más frecuente ocuparse de aniquilar a los proclives que preocuparse por definir en qué consiste la peligrosa "proclividad". Estoy seguro de no pertenecer a la ultraizquierda y puedo probar que ni siquiera pertenezco a la izquierda. En cambio, no encuentro medios de demostrar que yo no soy proclive. ¿Seré proclive? ¿Me darán, alguna vez, la oportunidad de averiguarlo? Yo, a diferencia de Vázquez, soy uno de los que piensan que la guerra sucia, esa matanza de ultras y proclives, es un proceso que comenzó mucho antes de 1976 y que se extiende más allá de 1982. Vázquez piensa que todo terminó, por eso no teme aparecer como delator al iniciar su fichero de proclives con mi nombre.
Si la creencia en la paz que parece animar al optimista Vázquez fuese acertada, él no sería delator; en cambio, si mi interpretación de que la guerra sucia es un síntoma endémico de las contradicciones de la sociedad argentina fuese correcta, yo -proclive o no-, estaría ingresando a una zona de peligro y no a causa de mi interpretación, sino a causa de la gratuita interpretación que de ella hace el periodista. No obstante, asumo que Vázquez no responde a otra fuerza que la del movimiento que gravita alrededor del doctor Alfonsín: ese conjunto de ciudadanos convocados para mandar, o para administrar el mando, que urgidos por la dinámica natural del poder no tienen ya más tiempo para detenerse a pensar. (Los "movimientos" siempre me parecieron así: movimientos. Productos de un empuje que se desplazan según las leyes de la inercia con una velocidad y en un trayecto que es resultado de la fuerza inicial y de todas las fuerzas que se intercalaron a su paso: rebotes, rebrotes, frenadas, retrocesos, fricciones, desgastes, "efectos" de bola de billar, de bola de nieve o de pelotas de basquet). Por inercia, Vázquez no pudo detenerse a leer mi nota. Urgido por cumplir con la exigencia del periodismo, rebotó contra un texto que no podía rebatir. Se trataba de un análisis escrito respondiendo a una encuesta de El Porteño, no era una de esas columnas redactadas para justificar un sueldo en la editorial Perfil. En resumen, mi análisis planteaba que el "movimiento" no podía desarrollar una política cultural porque carecía de una concepción de la cultura; demostraba que la política cultural del nuevo gobierno era resultado de las oportunidades que se le iban presentando; señalaba que mientras en la superficie del proyecto cultural alfonsinista se percibía la creencia de que la cultura es una parte del "tiempo libre", vinculada al negocio de los medios y del espectá'culo y desarticulada de la vida real, en el fondo de la gestión cultural iniciada en diciembre se detectaba la misma tendencia continuista que se podía reconocer en otras áreas de la gestión gubernamental: económica, energética, judicial, etc. Vázquez no leyó esa tesis central. Urgido, y tal vez víctima de lo que en aquel análisis se denominó' 'una cholula concepción de la cultura" , sólo atinó a reparar en los nombres del elenco. y respondiendo a mi observación de que en el proyecto radical había un predominio de figuras del show-bussiness y una notable ausencia de plásticos, filósofos y poetas, Vázquez rebota para emerger con los nombres de Gregorich y Kovadloff, como si su presencia en puestos subordinados de gobierno pudiese rebatir mi argumentación. Pues bien: Gregorich no es filósofo ni poeta. Conocido como comentarista de libros a partir de su gestión durante la intervención militar al diario La Opinión, Gregorich es simplemente un periodista y un orientador de lectores cuyo sistema argumental está tomado del modelo autoritario de la . "prensa seria". Al respecto, pueden consultarse los comentarios a su obra inc1uídos en las revistas Praxis (Volumen 1, 1983), Y Pie de Página (N° 2, 1982) y la referencia a su gestión durante el Proceso en El Porteño, . En cuanto a Kovadloff, es egresado de la Facultad de Filosofía y autor de una apreciable obra poética, que -cito a algunos que comparten con él un mismo lugar 'de emisión-, es tan desconocida como la de Boido, Freidemberg, Irene Gruss, Pancho Muñoz y Jorge Ricardo. Este anonimato no es consecuencia de la represión, ni de un silenciamiento deliberado, sino de las condiciones de una particular cultura que el plan radical viene a apuntalar con su proyecto cirquero, populista. Lo notoriedad de Kovadloff no surge de su llabor poética sino de su militancia de los últimos años en Humor y en el suplemento cultural vagamente opositor del diario Clarín. Anuncia Vázquez que Kovadloff ha aceptado un cargo directivo en la televisora oficial. Sé que en casos así se suele conceder un crédito de un par de meses antes de expedirse sobre el sentido de su gestión, pero como para reconocer a un rengo basta con verle los primeros pasos, aleanza con pensaren la autoridad cultural de Aleonada, Tróccoli, Grinspun y Storani, para saber que con la transferencia de Kovadloff, la red de comunicaciones oficial ha ganado un poeta, en tanto que la poesía no ha ganado televisora alguna, cosa que, por lo demás, nunca necesitó.
Bastaría recordar los nombres que figuraron en el abortado proyecto cultural del Frejuli, a la pléyade que agrupó el gobierno de Frondizi y a los lujos que se permitió el golpe de 1955 (contó a José Luis Romero y a Jorge Borges en su elenco de funcionarios) para reconocer que el sentido de una política cultural no depende de quiénes convoca, sino de para qué los convoca. Naturalmente, para quien tiene una concepción radical de la cultura, importan los nombres y para un periodista oficial apurado por llenar su columna, siempre es más fácil pensar en quiénes que en para qué. En general, la gente que con cierta plasticidad y rapidez puede cambiar de causas (el periodismo es una mina rica en tales ejemplares), trabaja con apariencias y como sus palabras están destinadas a durar un par de días, o un mes, antes de acabar envolviendo los restos de la comida en el fondo de una bolsa de Manliba, ni pueden ni precisan pensar en el sentido final de los actos. ¿Para qué detenerse a evaluar los resultados de una política cultural, si cuando se puedan percibir, ya estará trabajando el otro gobierno? Antes de pensar en un análisis fundado, llamémoslo "ultraizquierdista' , que alguien se ocupará de desembarazarnos de la voz discordante, antes de averiguar por qué algunos sostienen que la cultura no es espectáculo ni circo ni un fragmento "refinado" del tiempo libre -¿tal vez para estropear un hermoso reparto de cargos, créditos y espacios publicitarios?- pensemos que son "desquiciados" -dice así el quiciado empleado de editorial Perfil- y "autodestructivos" (eso dice el exodestructivo radical), meros productos de la "cultura marginal" , a la que que habrá que oponer la juiciosa cultura del centro de la página escrita por el gobierno militar anterior.
Rodolfo E. Fogwill
El Porteño. Febrero 1984 - 33
|